jueves, 15 de diciembre de 2011

Justicia divina

Por primera vez en la historia de los recientes escándalos de abusos sexuales en la iglesia norteamericana, un gran jurado ha aceptado los cargos presentados contra un obispo por proteger a curas supuestamente pederastas. De Kansas City, el padre Robert Finn, afiliado al Opus Dei, se sentará en el banquillo de los acusados por no haber informado a las autoridades de las transgresiones de un cura, Shawn Ratigan, que se dedicaba a tomar fotos lascivas a niñas menores de edad.
Este obispo supo de estas fotografías desde diciembre y no informó a la policía hasta mayo. Pero el gran jurado asegura que había motivos suficientes para que el obispado dudara de Ratigan previamente. ya que había descubierto previamente miles de fotos de niñas en el portátil del padre Ratigan, incluida la vagina desnuda de una menor, fotos del interior de faldas y otras imágenes centradas en la entrepierna.
Fue el director de una escuela católica el que se quejó a la diócesis del comportamiento del cura, en mayo. Entonces se supo que la diócesis había encontrado las fotos en diciembre y que, de todas ellas, había enseñado solo una a un agente de policía, que les había dicho que, en el sentido estricto de la palabra, no era pornográfica, lo que le bastó a la diócesis para sepultar el caso. Las únicas medidas que se tomaron contra Ratigan fueron quitarle el puesto de pastor de la iglesia de San Patricio y recluirle en una misión, donde volvió a tomar fotos de una niña de 12 años.

¿No es la justicia igual para todos? ¿Cómo entonces se castiga este tipo de delito enviando al cura a unas misiones en lugar de hacerle un juicio y encarcelarlo? Pues bien, las familias de estas niñas evidentemente se preguntaron lo mismo, así que presentaron demandas contra el obispo y la diócesis por haber ocultado las actividades del cura. Este cura, que además era muy activo en la comunidad, continuamente acudía a fiestas de cumpleaños, pasaba fines de semana con los parroquianos y organizaba comuniones.
A raíz de este caso, salieron a la luz otros problemas que esta misma diócesis había tenido en el pasado, en las que se comprometió a pagar 10 millones de dólares (siete millones de euros) a 47 demandantes, en diversos casos de pederastia y abuso sexual. Precisamente en aquel pacto se comprometió a informar de las sospechas que hubiera sobre supuestos curas abusadores algo que, según la fiscalía, no cumplió en este caso.
Son cada vez más los casos de abusos sexuales relacionados con la iglesia y sus miembros, tantos que hace unos meses el Papa Benedicto XVI ha sido demandado por crímenes contra la humanidad ante la Corte Penal Internacional de La Haya por "encubrir y permitir" este tipo de agresiones.
Resulta tan común que estos representantes sean tan divinos como enfermos que asusta. A nadie le sorprende escuchar noticias de este tipo, porque siempre han existido, sólo que ahora por fin se sientan en un banquillo para responder ante estos atroces actos igual que el resto de la humanidad. Menos mal que de vez en cuando la justicia funciona.